domingo, 11 de octubre de 2009

Tulio Hernández: Yo, el traficante, me confieso a Dios

Maiquetía ya no es solamente un aeropuerto internacional.

Más rápida que paulatinamente, el internacional de Maiquetía se ha ido convirtiendo en el experimento de un futuro campo de concentración. No exagero. Hoy en día el lugar es el escenario de una muy bien pensada estrategia de hostigamiento en unos casos selectiva, en otros indiscriminada contra centenares de viajeros nacionales y extranjeros que pasan por allí.

Lo que comenzó siendo un mecanismo “elitesco” para perseguir, o por lo menos incomodar, a reconocidos dirigentes y comunicadores opositores, se ha convertido ahora en masiva operación militar que, bajo el pretexto de frenar el tráfico de drogas, se dedica a maltratar a pasajeros, tripulaciones y líneas aéreas utilizando a jóvenes guardias nacionales como instrumentos para importunar a civiles.

Los relatos abundan. Los viajeros frecuentes en líneas europeas víctimas mayores de estos operativos hablan de un promedio diario de hora y media de retraso en las salidas, resultado de la revisión de equipajes a última hora. De centenares de pasajeros que por esa causa pierden las conexiones. Y de la impunidad con la que los funcionarios abren, cuchillo en mano, cajas de chocolates o conservas y los reparten, prepotentes, como trofeos a sus compañeros.

También hay relatos escritos.

Hace unos meses, el sociólogo chileno-alemán Fernando Mires, conocido crítico de Hugo Chávez, explicó en la prensa la manera como fue vejado en los pasillos del aeropuerto por funcionarios de seguridad locales. Hace menos tiempo, nuestro amigo Eduard Miralles, gestor cultural catalán amante de América Latina, padeció una experiencia similar.

Le secuestraron el pasaporte.

Subieron el equipaje y lo revisaron en público. Lo amenazaron con hacerle perder el vuelo. Y lo despidieron con una buena frase: “¡Españolito, en tu país tendrás derechos; pero aquí mandamos nosotros y tienes que acoplarte!”.

Como decía Camus, sólo se sabe con exactitud de la peste cuando ella cae sobre uno mismo. Y es eso lo que le ha tocado al autor de estas líneas. En el transcurso de las últimas tres semanas, en dos salidas al extranjero por razones de trabajo, me ha tocado ex perimenta r el ser retenido, interrogado, sometido a rayos equis, bajado del avión, reseñado y convertido en objeto de mofa con el pretexto de que se me debe hacer “una revisión por problemas de drogas”.

Fueron, no exagero para nada y por suerte Freddy Castillo Castellanos, rector de la Universidad de Yaracuy, fue testigo de tres de ellas seis incidentes. Seis veces ¡a la misma persona! se me interrumpió el libre tránsito que la Constitución consagra para someterme, con apenas 10 o 15 minutos de diferencia, a la misma revisión, incluyendo bajarme del avión, mantenerme en el piso de abajo durante 45 minutos esperando la maleta y, después, cuando iban a de dejarme libre y mi contrariedad era más que manifiesta, escuchar a un veinteañero diciéndome con voz de cínico veterano: “Lo que pasa es que ustedes (y cuando decía ustedes no sé si quería decir gochos, sociólogos, opositores o seguidor de los Tiburones de La Guaira, pues soy todas esas cosas a la vez) creen que son intocables, y resulta que ahora en Venezuela todos somos iguales y ustedes están jodidos”.

Compa rados con el casi centenar de venezolanos que están presos por opositores; con los dirigentes sindicales de Guayana que pueden ser condenados a 15 años de prisión por protestar sus condiciones laborales; con quienes han tenido que pedir asilo para no ser víctimas de unos jueces que los habían condenado antes de juzgarlos, lo que nos ha ocurrido en Maiquetía es un incidente menor. Lo reconozco. Mensaje a Ramírez. Advertencia militar. Gesto de machitos apoyados.

Por suerte siempre hay alguien altruista, alguien que abre la esperanza. Por eso nunca olvidaré la cara de aquel guardia nacional que al despedirse me dijo: “Señor, me da mucha pena lo que le hemos hecho. Yo no fui formado para molestar a la gente.

Pero los superiores tienen sus caprichos y yo sólo cumplo órdenes”. Es lo que hay.

hernandezmontenegro@cantv.net
El Nacional

1 comentario:

  1. socialiasmo o muerte...es en verdad socialista la venezuela roja de Chavez, o es una copia caribeña de la extinta URSS, donde siguiendo los postulados de una filosofia del materialismo dialectio que les acomodo a modo, en donde todo o estaba con el estado o estaba contra el estado, a niveles ridulos como el considerar la risa , la musica, la pintura, como enemigos y aliados de occidente.
    Ayer La dictadura del Proletariado, que se convirtio en la " dictadura sobre el proletariado" hoy oscuros personajes que imponen sus tendencias persolalistas para afianzarse en el poder...arriba el socialismo, no al autoritarismo.

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